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María Cristina Santiago
Buenos aires
HÁBITO SUICIDA
El agobio, la palidez
son un destino.
Concede: no vemos
la bandada que se ordena
en el cielo.
Existe el hábito de huir,
obsesión de mirada para adentro.
El vicio de los huesos
empuja al animal que soy
hacia lo hondo.
Definitivamente pálido
el pensamiento se esconde
bajo el agua.
Allí viene la noche
definitivamente agobio.
Los pececitos se internan
en la piel como finos
tatuajes indoloros.
Mezclado con las algas
un lazo
para la zona de recuerdos.
Hay un hecho anterior.
El trilobites que cuelga
fósil de mi cuello
menosprecia este orden
caótico en que sumerjo
a mi memoria.
Cuando el sol ha caído
y se fisura el tiempo
¿qué mala visión
retiene tanto miedo?
De todas maneras
cuántas muchachas
estarán pensando estas
posibilidades
en la franja negra
del desánimo.
Deberían escoger entre
fotografíarse
o bien internar el pie en el agua.
Por suerte o por desgracia
pierden el último tren que parte
hacia la orilla
y quedan
masticando corazones
de cristal astillado.
Destrozan con sus dedos
el tul de novia
casi
una picadura de agua viva.
Sentadas en el muelle
las muchachas y yo
seguimos cuchicheando
mientras pasa el agobio
porque el agobio y la
palidez son un destino
de zapato que flota
a la deriva.
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